viernes, 24 de abril de 2026

LOS SECRETOS QUE EL MAR NO PUDO GUARDAR



Los primeros piratas del Caribe solían ser hombres con experiencia marítima, a menudo vinculados al mundo de la navegación. Dominaron las rutas de los mares y océanos americanos entre los siglos XVI y XVIII. Esta actividad, conocida como corso cuando contaba con respaldo oficial, fue utilizada estratégicamente por gobiernos y compañías comerciales para debilitar los intereses de la Corona española y favorecer el establecimiento de nuevas colonias.

Los piratas establecieron sus propios códigos de conducta, ya que las leyes terrestres carecían de eficacia y jurisdicción sobre estos hombres del mar. A bordo, cantaban, bailaban y realizaban ejercicios de fuerza. Algunos exhibían sus partes íntimas de forma provocativa, en un torpe intento de seducción

Los piratas practicaban el matelotage, un pacto de convivencia y sociedad económica en el que se emparejaban. Este acuerdo incluía compartir el botín, heredar los bienes del compañero en caso de fallecimiento, corregirse mutuamente y compartir el lecho.  Las relaciones de estas parejas ardían más que el calor del Caribe, y sus escenas de celos desataban tormentas más intensas que un huracán. Algunos procesos judiciales tramitados ante los tribunales del Almirantazgo revelan que la mayoría de estas parejas practicaba sexo intrafemoral, técnica que consiste en alcanzar la eyaculación mediante la estimulación del pene entre los muslos del compañero. Los encuentros sexuales entre hombres eran tolerados por los capitanes y contramaestres de las embarcaciones, siempre que no derivaran en conductas escandalosas, ni los implicados mostraran comportamientos considerados afeminados.

El pirata inglés Francis Drake, célebre por su ferocidad, contrajo matrimonio en dos ocasiones y, en ambos casos, mantuvo con sus esposas un matrimonio josefino; por esta razón, no tuvo descendencia. En 1572, apresó una fragata española y tomó como botín al habanero Diego Grillo, un adolescente de 12 o 13 años. Impactado por la belleza del joven mulato, lo mantuvo en su camarote durante muchos años, le enseñó  a hablar en inglés, el arte de la navegación, y le prodigó, sin inhibiciones, muestras públicas de amor. 

El historiador estadounidense Barry Richard Burg sostiene que, a pesar de la condena cristiana, entre los hombres de mar la pederastia de estilo helenístico persistió hasta bien entrado el período moderno temprano. Algunos piratas realizaron saqueos marítimos e incursiones en aldeas con el fin de capturar niños y adolescentes para destinarlos a su servicio personal.  

El doctor Burg examinó los registros de los consejos de guerra de la Marina Real Británica y encontró que, entre los años 1700 y 1850, la mayor parte de los casos de actividad homosexual a bordo de los barcos involucraba a hombres adultos con niños o adolescentes. Algunos de estos individuos presentaban conductas execrables propias de la pedofilia, mientras que varios adultos establecían vínculos entre sí, conformando una incipiente comunidad protogay.   De igual manera el doctor y docente de la Universidad de Connecticut, Hans Turley, ha analizado la forma en que los piratas rompían las normas sociales de la sociedad europea y las definiciones de sexualidad y género, incluyendo en su vida cotidiana relaciones entre hombres y formas alternativas de masculinidad. 

Tanto Turley como Burg señalan que las relaciones homosexuales se daban entre hombres que proyectaban una imagen hipermasculina. Entre sus declaraciones grandilocuentes se incluían referencias a la violencia sexual contra mujeres prisioneras, prácticas sádicas dirigidas tanto a mujeres como a hombres en roles sexuales pasivos, la ostentación del tamaño de sus genitales y el uso de prostitutas. 

En las embarcaciones marítimas se registraron casos de violación, prostitución, prácticas sexuales grupales e incesto entre personas del mismo sexo. Aunque la sodomía era ilegal y severamente castigada en tierra, en los barcos de la Marina Real Británica las autoridades a menudo hicieron de la vista gorda ante la existencia de relaciones sexuales entre miembros de la tripulación, al considerarlas en muchos casos consecuencia de la ausencia de mujeres, de necesidades fisiológicas y de las duras condiciones de vida a bordo. Por otro lado, los piratas vivían al margen de la ley y rechazaban las normas sociales y religiosas de la época; detestaban las imposiciones de una sociedad moralizante. Por esta razón, sus embarcaciones se convirtieron en espacios relativamente tolerantes y, en ocasiones, en refugios para parejas del mismo sexo, a quienes ofrecían seguridad.

Los piratas del Caribe también incursionaron en el océano Pacífico. Una de las ciudades más asediadas por estos bandidos del mar fue el puerto de Guayaquil. En 1587, el ataque del pirata y aristócrata Sir Thomas Cavendish fue repelido valientemente por los habitantes de esta urbe. En 1623, el corsario holandés Schapeham atacó e incendió Guayaquil; en esta agresión se destruyeron tres conventos y el hospital. En 1680 y 1681, el pirata Bartholomew Sharp fue rechazado por la población cuando intentó saquear Guayaquil. El 21 de abril de 1687, el filibustero Davis se confabuló con filibusteros franceses con el propósito de atacar Guayaquil.  Esta incursión fue catastrófica para el puerto: los piratas robaron perlas, joyas, oro y mercancías valiosas, así como 14 embarcaciones fabricadas en su astillero. Las mujeres y los niños fueron tomados prisioneros; setecientos  hombres fueron enviados como cautivos a trabajar en las posesiones francesas de la isla La Española, y cuatro rehenes fueron decapitados delante de sus familias. Los piratas, desprovistos de todo rasgo de humanidad, negociaban la libertad de los capturados exigiendo a los habitantes de Quito un rescate consistente en dinero, toneladas de harina y otros alimentos. Como estas demandas tardaron en cumplirse, abandonaron Guayaquil el 26 de mayo de ese mismo año.

Muy distante de la asolada ciudad de Guayaquil y del paradisíaco mar Caribe, en Europa las leyes castigaban con severidad la sodomía; por esta razón, los hombres homosexuales debían ser discretos respecto de sus preferencias. Muchos se protegían llevando lo que modernamente se ha denominado una “doble vida”, mostrando en todo momento un interés exagerado por la belleza de las mujeres o contrayendo matrimonio.

Los documentos que contienen juicios por sodomía, conservados en Francia, el Reino Unido y los Países Bajos, son escasos y fragmentarios, y sugieren que, para procesar a los implicados en estos delitos, se utilizaron nombres ficticios con el fin de no estigmatizar a las poderosas familias vinculadas a la piratería.

Los juicios por sodomía contra los marineros del Caribe se originaban a partir de acusaciones mutuas, frecuentemente asociadas a tensiones internas como envidias, conflictos, venganzas, celos o la percepción de una distribución injusta del botín. Sin embargo, las sentencias eran muy desiguales: favorecían a las personas adineradas y resultaban mucho más drásticas con la gente pobre y sin familia reconocida.

En la ciudad de Port Royal, bajo dominio inglés durante el siglo XVII, se llevaron a cabo numerosos juicios contra marineros acusados de sodomía; por ello, la urbe fue apodada “Sodoma del Universo”. Este puerto fue considerado uno de los más perversos del mundo, debido a que su economía se sustentaba en el comercio sexual, la venta de alcohol, los juegos de azar y diversas formas de entretenimiento que transgredían la ley. En los numerosos antros, prostitutas y prostitutos ofrecían satisfacer las apetencias sexuales más desenfrenadas, en ocasiones en un entorno exhibicionista. En este escenario incontrolable, las mujeres que ejercían la prostitución se hacían hipervisibles para captar clientes, mientras que la prostitución masculina operaba de manera casi invisible. Los juicios por sodomía solían concluir con sentencias que incluían la horca, los azotes públicos, la prisión o los trabajos forzados. En 1692, un terremoto hundió gran parte de la ciudad de Port Royal en el mar y provocó la muerte de miles de personas. Este evento sísmico reforzó la idea de que la presencia de homosexuales atraía la ira divina y diversos infortunios sobre la comunidad.

Aunque la piratería se desarrolló en un entorno peligroso, violento e intimidante, con riesgo permanente de ejecución, algunos hombres la interpretaron como un espacio de mayor libertad frente a la vida en la marina mercante, la marina naval o en tierra firme, donde la justicia imponía un control que no siempre consideraba sus proyectos de vida o sentimientos. Los individuos estigmatizados, a través de leyes que vulneran su dignidad, pueden verse obligados a huir del mundo legal y refugiarse en agrupaciones que, desde el exterior, son percibidas como depravadas, vinculadas al crimen organizado y a la supuesta destrucción de la familia tradicional o de la sociedad.

En las cálidas arenas del Caribe, donde el ritmo enciende la piel y un dialecto seductor despierta los sentidos, aún flirtean desnudos los secretos que el mar no pudo guardar.

Autor: MBA Eduardo Ramón López

Investigación realizada en la Biblioteca de Universidad Andina Simón Bolívar

Quito, Ecuador




FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.

Barry Richard Burg: Sodomía y la Tradición Pirata

Barry Richard Burg: Chicos en el mar

Charles Johnson: Historia general de los piratas

Edgardo Pérez Morales: El Caribe cimarrón y los corsarios de Cartagena en la época de la independencia

Francisco Mota: Piratas en el Caribe.

Hans Turley: Ron, sodomía y el látigo

Manuel Lucena Salmoral: Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios

Marcus Rediker: Villanos de todas las naciones.

Teresa Valdés y José Alavarría: Masculinidades: Poder y crisis


martes, 31 de diciembre de 2024

LA DIVERSIDAD SEXUAL EN LA HISTORIA DEL ECUADOR

 

La historia de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT) en Ecuador tiene sus más antiguas manifestaciones en el período precolombino. Se han encontrado indicios en culturas como la Valdivia,  Tumaco-La Tolita y Bahía que sugieren que la homosexualidad era considerada como algo natural entre sus integrantes.​ Textos escritos
por cronistas hispanos al momento de la colonización española señalan en particular a la cultura huancavilca como el grupo nativo en que la homosexualidad era practicada de
forma más abierta y aceptada. Sin embargo, con la conquista española se instauró un sistema de represión contra cualquier persona que practicara la homosexualidad en los territorios que actualmente conforman Ecuador.

Luego de la independencia, la homosexualidad permaneció ausente del Código Penal Ecuatoriano hasta 1871, cuando por primera vez se tipificó como crimen con una pena de cuatro a ocho años de cárcel. Durante las décadas siguientes el tema fue poco mencionado, principalmente por la criminalización de la homosexualidad y el machismo que caracterizaba a la sociedad ecuatoriana de la época. ​ Un cambio notorio se produjo a finales de la década de 1970, cuando las olas migratorias a las principales ciudades y el efecto de eventos como los disturbios de Stonewall provocaron un incremento en la visibilidad de las personas LGBT, que comenzaron a tener reuniones informales que darían lugar al nacimiento de una comunidad gay ecuatoriana. Sin embargo, esos avances trajeron consigo un despunte en la represión policial, principalmente con la instauración en 1985 de los escuadrones volantes, grupos de élite de la policía que realizaban detenciones ilegales y torturas contra toda persona que consideraran indeseable, en particular contra personas pertenecientes a la diversidad sexual.

La represión policial se redujo luego de la desaparición de los escuadrones volantes en 1988, pero siguió siendo común. ​ El evento que marcaría el punto de inflexión en el activismo por la diversidad sexual fue la Redada del bar Abanicos, un bar para público LGBT de Cuenca que fue intervenido violentamente por la policía la noche del 14 de junio de 1997. Los detenidos en el bar sufrieron abusos, torturas y violaciones por parte de la policía y otros reos durante su detención, lo que desató críticas a nivel nacional y llevó a que por primera vez los distintos grupos LGBT del país se articularan en un solo frente para exigir la despenalización de la homosexualidad. Como parte de esta campaña se realizaron las primeras marchas y manifestaciones públicas de personas LGBT en la historia de Ecuador. Finalmente, el 25 de noviembre de 1997, el Tribunal Constitucional dictaminó que el primer inciso del artículo 516 del Código Penal era inconstitucional, con lo que quedó despenalizada la homosexualidad. Un año después, se incluyó la orientación sexual como una de las categorías protegidas contra la discriminación en la Constitución de 1998.

Aunque durante los primeros años del siglo XXI siguieron existiendo casos de discriminación y abusos contras personas LGBT, los esfuerzos por alcanzar mayor visibilidad y el reclamo de derechos por parte de la comunidad ayudaron a acrecentar la aceptación social hacia la diversidad. sexual. ​ Durante la creación de la Constitución de 2008, las organizaciones LGBT tuvieron representantes en el proceso de redacción del articulado y lograron notables reivindicaciones en sus derechos, como la legalización
de las uniones de hecho para parejas conformadas por personas del mismo sexo y la inclusión de la identidad de género como una de las categorías protegidas contra la discriminación.​

Los años a partir de la década de 2010 han traído más hitos en la lucha por los derechos de las personas pertenecientes a la diversidad sexual, así como la aparición de figuras públicas abiertamente LGBT, como ministros de Estado, legisladores y alcaldes.​ En 2015, la Asamblea Nacional aprobó cambios a la ley del Registro Civil, entre las que estaba la posibilidad de que las personas transgénero cambiaran el campo de sexo en su cédula de identidad por el de género.​ Otros cambios jurídicos se han conseguido mediante sentencias de la Corte Constitucional, como el Caso 1692-12-EP, decidido en 2018 y que asentó el derecho de dos mujeres de ser registradas como madres legales de su hija,​ y posteriormente los casos 11-18-CN y 10-18-CN, decididos el 12 de junio de 2019 y con los que la Corte legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en Ecuador.

viernes, 27 de diciembre de 2024

LAS PERSONAS TRANS EN LA HISTORIA DEL ECUADOR

Las identidades trans en Ecuador, que abarcan a personas trans, transexuales, transgénero, travestis y no binarias, han experimentado una notable evolución en términos de visibilidad, reconocimiento y derechos a lo largo de los últimos siglos. Este proceso ha estado definido tanto por desafíos sociales, culturales y legales como por los avances alcanzados gracias al trabajo de activistas y organizaciones comprometidas con la defensa de sus derechos. Estos esfuerzos han resultado en significativas conquistas legales y sociales, fortaleciendo la visibilidad y la protección de esta población en el país.

La historia de las personas trans en Ecuador abarca desde el periodo precolombino hasta la actualidad, mediante un proceso de transformación social, cultural y política en torno a las identidades de género. Esta historia está marcada por la resistencia, la adaptación y el reconocimiento progresivo de los derechos de las personas trans.

El período precolombino en Ecuador es una época con una caracterización esotérica en la historia de las identidades trans en el país, especialmente en la región costera. En la era antes de la llegada de los colonizadores, existían figuras como los enchaquirados, personas que, como los actuales colectivos de mujeres trans, no encajaban en las normas de género tradicionales de la sociedad indígena. Los enchaquirados eran sirvientes transexuales del cacique Tumbalá, y desempeñaban roles tanto sexuales como religiosos, a menudo adornándose con joyas, lo que les otorgaba una identidad destacada dentro de su comunidad.

Durante la época colonial en Ecuador, las expresiones de género y sexualidad fueron profundamente transformadas y reprimidas por la imposición de normas europeas, las cuales despojaron a las comunidades indígenas de sus prácticas ancestrales. Antes de la llegada de los colonizadores, existían diversas formas de identidad de género y sexualidad que no se ajustaban a las categorías binarias impuestas por el colonialismo. Esta violencia colonial no solo borró estas manifestaciones, sino que también instauró una visión rígida de género que perdura hasta la actualidad, constituyendo una de las bases de la transfobia que enfrentan las personas trans en el Ecuador contemporáneo.

En los años 1960 y 1970, la población trans, al igual que otros grupos LGBTQ+, enfrentó una sociedad profundamente machista y conservadora. La visibilidad de las personas trans era limitada y, en los pocos casos en que aparecían en la prensa, solían ser retratadas en secciones de prensa roja, lo que reforzaba estigmas y prejuicios.

26 de noviembre de 1976, se realiza la primera cirugía de reasignación de sexo en la historia de Ecuador, aunque el hecho no se hizo público. La misma fue realizada en una clínica de Guayaquil a una mujer transgénero de nombre Sandra Inés Ortiz.

Durante las décadas de 1980 y 1990, las personas trans en Ecuador sufrieron persecución extrema y violenta represión policial, que incluyó extorsión, detenciones arbitrarias e indefinidas, tortura y ejecuciones extrajudiciales. Bajo el gobierno de León Febres Cordero (1984–1988) y el ministro Luis Robles Plaza, se implementó una política estatal para perseguir a la comunidad GLTBI en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca, justificando estas acciones como medidas para proteger la "moralidad" y la "decencia pública". La homosexualidad estaba criminalizada, lo que facilitaba abusos sistemáticos como torturas y violencia sexual por parte de la policía, quienes también extorsionaban y humillaban a las víctimas.

El 25 de enero de 2024, la Asamblea Nacional de Ecuador aprobó, en una votación final, una reforma a la ley de gestión de identidad y registro civil. Esta modificación legalizó el cambio de sexo o género en documentos de identidad para personas trans sin la necesidad de presentar certificados médicos o testigos, eliminando los requisitos previos que imponía la ley.6​7​ El proyecto de ley había sido aprobado en una primera votación el 12 de diciembre de 2023.

lunes, 11 de diciembre de 2023

TENÍA 19 AÑOS Y YO ERA "ILEGAL" EN ECUADOR

“En todos esos años hasta 1997 la homosexualidad era un delito tipificado por el Código Penal con cuatro hasta seis años de cárcel. Nadie estaba dispuesto a pagar esa condena.
Así que éramos todos ilegales”.


Roberto Izurieta, nuevo Secretario de Comunicación de la Presidencia, recientemente fue víctima de ataques homofóbicos en redes sociales, tras viralizarse una imagen suya junto a su esposo, Paul Quirck, entrando de la mano a la ceremonia de posesión de Daniel Noboa el pasado 23 de noviembre.

“Por más que fui perseguido, discriminado, intimidado y algunos hasta trataron de humillarme (cosa que nunca lograron), este artículo es solo mi vivencia”. Al recordarse 26 años de la Despenalización de la Homosexualidad, Vistazo reproduce esta columna escrita por Roberto Izurieta en julio de 2023, en la que recuerda su juventud en Quito, en los años que personas de la diversidad sexual eran llevadas a prisión con condenas de hasta 6 años.

El gran objetivo de esa noche no era la búsqueda de mi sexualidad: eso ya lo tenía claro. La búsqueda era encontrar ese bar clandestino donde había música fuerte y baile. En 1982 era muy difícil encontrar ese lugar clandestino que era el primer bar gay de Quito. Había otro de más fácil acceso, pero era una especie de bar híbrido: un bar pequeño al lado de un restaurante. Se llamaba el bar de Ana María. Ana María era una mujer robusta. Muchos especulaban si era una travesti: no lo era. Eso sí, tenía un pelo negro que era la envidia de cualquiera. Mi único debate era si era una peluca: nunca me atreví a preguntárselo porque Ana María era fuerte y lo sabíamos porque muchas veces cuando se acercaba la Policía amenazadoramente, ella era la primera en salir a defender su bar y a todos nosotros: era una suerte de madre protectora. Un día, no fue exitosa, los policías entraron y mi amigo Jorge alcanzó a salir corriendo perseguido por la Policía.

Finalmente, uno de mis mejores amigos, James, ofreció llevarme a conocerlo. Primero como era casi un ritual en la comunidad, comenzábamos la noche saludando a Ana María y a los nuestros. Era como si Ana María nos contaba antes de salir de farra. En realidad, nos cuidaba mucho. Luego del segundo trago, llegó otro buen amigo, el creador de “Las Marujas”, y nos fuimos a ese lugar prohibido conocido por pocos y de tan difícil acceso como entrar al mismo Club de la Unión. Yo no cabía de mi entusiasmo: por fin conocería las aguas profundas de ese mundo, que sin conocerlo ya era el mío, el mundo underground de la fiesta gay.

El bar quedaba muy escondido en una cuadra oscura del barrio La Mariscal de Quito y entrar requería el beneplácito del guardián de su puerta. Víctor cuidó de esa puerta por casi 40 años. Él nos vio crecer a todos y supo guardar nuestro secreto. A diferencia del bar de Ana María, esta discoteca era mucho más atrevida y por lo tanto objeto de muchas redadas de la Policía. Cuando la Policía lograba entrar de ahí venían las corridas y el “sálvese quien pueda”. En todos esos años hasta 1997 la homosexualidad era un delito tipificado por el Código Penal con cuatro hasta seis años de cárcel. Nadie estaba dispuesto a pagar esa condena. Así que éramos todos ilegales.

Se abrió la puerta negra de ese bar y al verlo no contuve mi decepción y le dije a James y a Luis Miguel con total claridad: “esto es un hueco!”. Claro que sí, me respondieron, y desde ese entonces, lo llamábamos “El Hueco”. Si hay algo de esos años de lucha que siempre reclamaré mi autoría, es de haber apodado a ese histórico lugar con el nombre de El Hueco. Es que era un hueco y también un refugio. El Hueco era un garaje oscuro que se extendía hasta el fondo del patio de la casa de su dueño, Víctor.

El bar tenía unos tres metros de ancho y unos 20 de largo. Primero la barra, donde atendía el mismo Víctor, un ícono y pionero de la comunidad, pero sobre todo un gran emprendedor: siempre hizo buen negocio. Luego se pasaba por unas pequeñas mesas en fila donde solo se podían sentar tres porque el cuarto espacio era el pasillo para llegar al fondo del bar, la joya de la corona: una pista de baile del tamaño de un cuarto de media plaza donde todos sudábamos con esa humedad de tanto baile que luego de ya haber pasado por tanto, poco nos importaba en ese entonces.

Solo se tocaba música popular. Casi nadie en realidad la sabían bailar bien sin ser que sea un escapado de Guayaquil (que pasaba de vez en cuando) porque Quito, Luz de América, fue pionero en tener su primer bar y disco gay en Ecuador. Hicimos lo que podíamos. Colombia ya se había adelantado con muy buenas discotecas gays como algunos aventurados dábamos testimonio de nuestros viajes en bus hasta Cali.

El bar, la comunidad y el negocio fue creciendo y se veía cómo El Hueco agregaba cada año parte de la casa de Víctor para agrandar el bar y así acoger a todos los que venían del centro, del sur y del norte de Quito. Como todo negocio informal, ese era un matadero: ahí pasaba de todo. Debo reconocer, quizás porque uno no se da cuenta de lo que no se da cuenta, que nunca vi mucha droga: es más, nunca vi nada de drogas: ahí era música, encuentro y si tenías suerte algún toqueteo.

El Hueco era un bar duro, objetivo fijo de la Policía casi todas las semanas, pero ellos eran parte del negocio. Cobraban su parte y nos dejaban bailar toda la noche. Cuando las cuentas no cuadraban, usaban la presión. Primero era un policía y todo se arreglaba; si llegaba el patrullero, la cosa se ponía tensa, pero cuando realmente no llegaban a un acuerdo “justo”, venía el camión y todo terminaba ahí. Muchas vidas se arruinaron en ese camión. Una vez adentro terminaban en el trágicamente famoso penal García Moreno. De ahí, era el fin de una manera u otra. Un buen amigo mío, salió del penal el tercer día y sus padres lo pusieron en un avión y lo mudaron a vivir a Miami. Era una suerte de vergüenza familiar, que ese tipo de familias no podían soportarlo.

ero eso solo les pasaba a los más privilegiados, dolía más cuando uno de nuestros amigos de El Hueco era expulsado por su propia familia cuando se daban cuenta que era homosexual. Todos lo ayudábamos a conseguir casa porque ahí, no solo éramos amigos, conocidos o amantes, sino que ya formábamos una comunidad clandestina muy solidaria. Generalmente lo sumábamos a otro que haya sido expulsado antes; los ayudábamos a conseguir trabajo, cosa que era fácil, porque éramos guerreros muy comprometidos con lo que éramos y amábamos la vida. De todos los que recuerdo, todos salieron adelante. A mí no me expulsaron de mi casa. Mi madre me lo hizo saber, como era ella, muy elegantemente. Cuando ella se dio cuenta que mis salidas con Fausto eran cada vez más frecuentes, un día me dijo de frente, “si yo tuviera tu edad me casaría con Fausto”.

Todo estaba resuelto en mi casa y desde allí, en mi casa frecuentaban libremente todos mis amigos de la comunidad, con la libertad que pocos tuvieron: el privilegio de tener, de lo que era en realidad un derecho. (Este artículo forma parte de testimonios de personajes destacados del proceso de despenalización de la homosexualidad en Ecuador, recogidos en un libro que Fundación Ecuatoriana presentará con motivo de los 26 años del hecho).

La traducción textual de la palabra inglesa gay es ser “alegre y divertido” y la canción de Wilfrido Vargas era nuestro himno en El Hueco. Eso era el éxtasis de la noche que solo podría ser sustituida por el Chulla Quiteño en las fiestas de la ciudad, que eran las más populares del año porque ahí sí llegaban, no solo los camiones de la Policía, sino los buses desde Guayaquil. A los de Guayaquil los identificábamos al instante porque nunca tenían un lindo sweater (incluso los más guapos) y porque realmente sabían bailar bien. Eran la envidia de todo quiteño, por eso, llegar a tener un amigo de Guayaquil era más prestigioso que llegar en auto propio.

Luego vino otro gran emprendedor, en este caso del sur de Quito que siempre ha dado muchas lecciones al resto de la ciudad, y abrieron la primera gran discoteca gay que era muy decente. No podíamos ir todos los fines de semana porque eso era para nosotros territorio extranjero: aún no había el Trole y llegar al sur y volver era realmente un viaje más difícil que llegar al terminal de buses de Transporte Ecuador que estaba en la misma Mariscal. Pero lo hacíamos. Para los del norte de Quito, los del sur eran siempre más berracos. Era una mezcla de Quito, Guayaquil y todo el Ecuador: eran más extrovertidos, entradores y conquistadores. Pero el viaje era más difícil que el placer, sobre todo para volver.

Los lugares gays abrían y cerraban pues los impuestos informales eran muy difíciles de negociar. Uno de esos era un lindo bar a una cuadra de la Universidad Católica que terminó su negocio luego de una agresiva redada policial. Llegó sorpresivamente, no un camión sino dos: ¡todos presos! Yo estaba allí con el cónsul de Venezuela y el jefe de USAID. Habíamos llegado en un Mercedes-Benz de placas diplomáticas. Ellos llevaban consigo su pasaporte y sabían que no los tocarían, pero no sabían qué hacer con nosotros y antes que tomen cualquier decisión yo les propuse: “dame la llave del auto, nos ponemos en la fila al camión y corremos al auto; si nos atrapan, nos atrapan; pero la única forma de salvarnos todos es llegar los seis a tu auto”. Los amigos diplomáticos, tomaron el valor de acompañarnos, nos pusimos en la fila y justo antes de subir al camión, yo les di la señal de correr al auto. Amo la tecnología, porque era el primer auto que conocía que no tenía llave sino botón remoto.

Abrimos el auto remotamente y nos subimos los seis corriendo. La Policía estaba furiosa y agresiva con nosotros y ahí sí, los dos diplomáticos, con mucha firmeza le dijeron: “este auto es diplomático y no lo pueden tocar, ni a ninguno de sus pasajeros, ábranos paso que nos vamos de acá”. Nos fuimos dejando atrás amigos y compañeros. Fue una noche muy triste, como triste y trágica fue para todos los que cayeron esa noche.

Ahí comenzó la concientización: no por lecturas sobre la libertad o los derechos, que no los conocíamos (al menos yo), sino a fuerza de cansancio de la persecución de cada fin de semana. Desde esos años yo aprendí que no podía entrar a un lugar sin saber cuál era la puerta o ventana de escape. Un grupo de amigos comenzó la lucha para terminar con esa persecución. Nuestro centro de inspiración y cuartel de guerra era un bar hetero de artistas, músicos y progresistas que quedaba al otro lado de La Mariscal (el lado bueno). Ese bar era El Pobre Diablo. Ahí nos reunimos y nos organizamos. Yo no fui de los grandes, los grandes fueron todos los demás. Recolectábamos firmas y luchábamos por el reconocimiento, no del derecho al matrimonio o cualquier otro, sino para que simplemente dejen de meternos presos por ser lo que somos.

Yo estaba en otras luchas políticas y como tal, los conocía a todos y todos me conocían. Eran los años del “Don’t ask, don’t tell”. Cuando se da la primera reforma importante del Código Civil, casi todos los intelectuales, profesores universitarios y progresistas de toda tendencia, acordaron eliminar el artículo 516 inciso primero del Código Penal del Ecuador. El alcalde de la ciudad, se reunió conmigo y me dijo: “¡yo sé que tú y tus amigos se están organizando y lo mejor para que esto pase es pasarlo callado y lo van a lograr!, pero ayúdennos a no levantar la polémica”. Yo estuve de acuerdo y lo conversé con los que pude. Unos estaban de acuerdo y otros no. No los juzgo porque ellos tenían razón, pero la estrategia propuesta por estos líderes políticos e intelectuales logró pasar la reforma penal y ya no nos apresaban más. Luego, yo ya me fui a los EE.UU. y los demás siguieron esa verdadera lucha que es por los derechos fundamentales y nuestro justo reconocimiento. Les agradezco infinitamente. Yo hice lo que pude y no lo mejor que pude.

No éramos muy orgánicos, pero tampoco anarquistas; por eso, esto no es una historia sino mi testimonio. Por más que fui perseguido, discriminado, intimidado y algunos hasta trataron de humillarme (cosa que nunca lograron), este artículo es solo mi vivencia. Gay significa ser alegre y es lo que significó para mí desde esa primera noche que fui al bar de Ana María y conocí El Hueco con grandes amigos de la vida. Yo fui un hijo del privilegio desde ese día que mi madre conoció a Fausto; y con profundo dolor y respeto rindo un justo homenaje a todos aquellos que como esa noche de redada quedaron atrás mío. Les pido su perdón: hermanos y compañeros.

Redacción Vistazo
Autor: Roberto Izurieta

FUENTE: 
https://www.vistazo.com/politica/nacional/roberto-izurierta-tenia-19-anos-y-yo-ya-era-ilegal-en-ecuador 


miércoles, 8 de noviembre de 2023

DESHOMOSEXUALIZACIÓN EN ECUADOR: OLVIDO E IMPUNIDAD.

                                         

Hace poco más de 20 años, ser homosexual en Ecuador era delito. Y hace 10 años, más o menos, se conoció el caso de una mujer lesbiana, internada contra su voluntad en un centro de adicciones que ofrecía terapias de reconversión sexual.

Dicho de otro modo, afirmaba “curar” la homosexualidad. Ese caso no fue el primero, pero sí resultó ser el más emblemático que salió a la luz en ese entonces. La mujer pasó dos años en el centro “Puente a la Vida”, donde sufrió una serie de vejámenes sexuales y torturas. 

Los colectivos y organizaciones LGBTIQ exigieron respuestas al Estado, que solo hizo algunos ajustes a la normativa para impedir que estos centros internen a personas de orientación sexual diferente. Aunque, a decir de algunos colectivos, la medida era dudosa e insuficiente. Luego, con la presencia de una activista por los derechos LFBTIQ como ministra de salud, el Estado implementó una serie de procedimientos institucionales y fortaleció sus mecanismos de regulación para afrontar esta problemática. El despliegue de un importante cuerpo intersectorial (varias instituciones públicas) ocurrido entre el 2013 y 2015, reveló una larga lista de vulneraciones a los derechos humanos cometidos den los centros de adicciones y, en particular, hacia las personas LGBTIQ.

Pero, pese a este hecho significativo y sui géneris, la justicia dejó serios vacíos. Un ejemplo es “Puente de Vida” ya que nunca tuvo una sentencia en firme, pasó al olvido bajo el manto de impunidad del Estado. Este es uno de los tres casos emblemáticos que, por su alto impacto mediático, no tuvo una medida efectiva y ejemplificadora. El segundo fue el de una mujer guayaquileña que terminó en un centro de adicciones en El Tena (Napo). Ella, en aquel entonces estudiante universitaria, denunció públicamente lo sufrido. El caso movilizó al Estado y se pudo identificar, además que el terreno donde funcionó el centro clandestino pertenecía a una comisaría de salud (Ministerio de Salud).  Es decir, la autoridad que debía justamente evitar que este tipo de centro s y supuestos tratamientos funcionen en el país. Un tercer hecho ocurrió con otra mujer lesbiana quien fue llevada a un centro de adicciones en Manabí. El caso también produjo reacciones inmediatas y se llegó a conocer que se trataba de la hermana de un entonces asambleísta alterno de Alianza PAIS, un partido político que gobernó 10 años en Ecuador.

Aunque un caso sí tuvo una respuesta judicial. De acuerdo a la investigación realizada, el Consejo de la Judicatura entregó un alista de seis casos de deshomosexualización que se presentaron bajo la figura de “tortura” o “delito de odio”. La información provino de la Dirección de Gestión Procesal de la fiscalía general del Estado. De los Seis, uno de ellos tiene la sentencia de la fiscalía provincial de Napo, emitida por el Tribunal de Garantías Penales de dicha provincia: 10 días de prisión correccional y el pago de multa de 6 dólares. Además, con fecha 23 de 2015, los jueces declararon prescrita la pena. El taller de Comunicación de la Mujer (TCM) abre el camino para hacernos la interrogante si la “deshomosexualización” dejó de ser un problema. Desde el Estado, se puede pensar que estas “clínicas” ya no existen y que las normativas han sido eficaces, tanto en la regulación como en el control. De hecho, es una de las afirmaciones que pude obtener cuando realicé este trabajo periodístico.

Pero, la impunidad del Estado tiene que verse también con los requerimientos que hacen organismos internacionales como el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas o el Comité de Derechos Humanos. Ambas instancias reclaman al estado ecuatoriano información sobre las acciones de carácter penal que se hayan desplegado o si la justicia determino alguna condena.

De hecho, desde el propio escenario nacional se puede plantear esa misma inquietud. Un informe Técnico del Ministerio generado por la Dirección Nacional de derechos Humanos, Género e inclusión del Ministerio de Salud (junio, 2016) señala que desde el 2013 hasta el 2015 hubo alrededor de 290 operativos de control a los centros de adicciones. Del total, 18 centros tuvieron procesos de sanción administrativa y 4 casos relacionados con vulneración de derechos humanos.

Si bien se indica que estos fueron referidos a la institución competente para su judicialización, nunca se pudo conocer qué fin tuvieron.

¿Impero la impunidad del estado en los casos de “deshomosexualización”?

Carlos E. Flores.

MAX REVISTA. Noviembre 2019 - # 9 - Pág. 26.

miércoles, 28 de junio de 2023

HISTORIA DE LA MARCHA DEL ORGULLO LGBTI EN GUAYAQUIL



El año 2000 la organización FAMIVIDA convocó la población LGBTI de Guayaquil a la primera marcha del orgullo, la cual fue reprimida por la policía con gas lacrimógeno y tolete a quienes asistieron. Este hecho fue realizado bajo la orden del entonces Intendente de policía nacional 
Abogado Pedro Cruz

Antes de la primera marcha LGBTI se realizó el primer festival de la diversidad al norte de la ciudad al pie de radio sucre por la iniciativa de Oscar Ugarte y FAMIVIDA.  

En el año 2005, se realizó la siguiente fue marcha y festival, saliendo desde la Universidad Estatal
y el festival se realizó al pie de radio Sucre.

En los siguientes años 2006.2007.208, se cambió el recorrido. La marcha inició desde el parque Centenario avanzando por la Avenida   9 de octubre hasta la Avenida Pedro Carbo,  culminando en la Zona Rosa donde se realizaba el festival de la diversidad. 

En el 2009 se tomó la decisión de iniciar la marcha desde la Avenida Olmedo y Malecón hasta la
Avenida 9 de octubre, culminando en las calles Lorenzo de Garaycoa y Quisquis donde se realizaba el festival.

En el 2010 se realizaron dos marchas: la primera la realizo la alianza LGBTI que salió más temprano y luego se realizó la marcha FAMIVIDA.

En el año 2011 la Fundación Yunta r organizó la marcha y el festival, la alianza 

En los años   2012 y 2013 la Fundación Yunta realizo la marcha y el festival y desde ese entonces
hasta actualidad, la marcha la viene realizando la Organización Silueta X.

Todas estas marchas se realizaron sin el permiso del entonces alcalde de Guayaquil,
el Abogado Jaime Nebot S.

"RECORDAR ES MANTENER VIVA LA MEMORIA HISTÓRICA"

Autor: Gonzalo Abarca 

domingo, 27 de noviembre de 2022

25 AÑOS DE LA DESPENALIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD "NO ALCANZAN"

Las deudas con los derechos de la población Lgbtiq+ continúan pendientes en Ecuador.

Cupo laboral, acceso a servicios públicos de salud, enfoque de género en el sistema educativo son algunas de las deudas pendientes que Ecuador tiene con la población Lgbtiq+.

Lo recuerdan las organizaciones y activistas que luchan por vivir su orientación sexual, identidad y expresión de género libremente, pero también con dignidad.

El 27 de noviembre de 1997, el Tribunal Constitucional declaró la inconstitucionalidad del primer inciso del artículo 516 del Código Penal de la época. En él se establecía que las relaciones entre personas del mismo sexo eran un delito que se debía pagar con cuatro a ocho años de prisión.

Con eso se puso fin a más de 100 años de criminalización de la homosexualidad. Se consiguió gracias a las demandas de colectivos Lgbtiq+, que se organizaron frente a los abusos policiales.

La falta de derechos de esta población es una preocupación para organizaciones que hoy trabajan, por ejemplo, para aportar en la Asamblea Nacional y garantizar el cupo laboral trans. También gestionan atención gratuita en salud y realizan capacitaciones.

La política pública enfocada en diversidad sexogénero diversa también es una arista de trabajo. Diálogo Diverso, junto al Instituto Nacional Demócrata, por ejemplo, promueven el proyecto Democracia en Diversidad, con el objetivo de fomentar la participación política Lgbtiq+. Esto, a través de capacitaciones en derechos a partidos y movimientos políticos.

Otra gran deuda es con las personas trans que vivieron la penalización, representadas por las históricas Coccinelle, cuyas sobrevivientes conformaron la Fundación Nueva Coccinelle.

Las perseguidas, violadas y torturadas por su identidad de género en los años 80 y 90 demandaron al Estado ecuatoriano en 2019 por los crímenes de lesa humanidad que vivieron, pero no tienen respuesta. Varias ya murieron sin reparación y en condiciones de vida precarias.

‘Tenía en mente que había que luchar’
Kruz Veneno (Pablo Gallegos)

Comenzamos el taller de formación drag queen en 1996. Antes existían los chicos que hacían shows de imitación y cosas así, pero eso nada tiene que ver con el drag.

Un costarricense que vino al Ecuador nos enseñaba todo lo que conllevaba el drag, el histrionismo, la exageración y todo el lado teatral protestatario. Fue la coyuntura perfecta, porque estábamos en la época de penalización. Luego de la despenalización, no nos sentíamos preparados. No salimos como drags sino hasta 1998.

Recuerdo que recibir la noticia de la despenalización fue un fiestón. Lloramos, nos abrazamos, era como haber metido un gol en un partido de fútbol. Pero en los siguientes meses nos quedamos como traumados, por así decirlo. Veíamos a un policía y nos poníamos a la defensiva, porque no habíamos tomado conciencia de que estábamos libres.

Ya luego salimos nosotros a las calles con los personajes drag, pero siempre recibíamos insultos de la gente. Pero por otro lado estaban los aplausos y eso me alentó a decir que aquí estaba y no me importa nada. Aun así, sí tenía miedo de que nos agredieran.

Siempre tenía en mente que había que luchar. Muchas veces vi, ya después de la despenalización, como las gaseaban a amigas trans que caminaban por la calle.

‘No podíamos hablar con nadie’
Francisco Guayasamín

Los hombres gais tardamos en dar la cara en el Ecuador. Quienes estaban al frente eran las personas transgénero, pero lastimosamente la sociedad las llamaba travestis.

En el 97 teníamos mucho miedo de decir soy gay. Si eras de clase media o alta, podías salir del país. Acá no podías conseguir trabajo fácilmente. Y solo tenías dos opciones: o te callabas y te casabas o te volvías religioso.

Nosotros no podíamos hablar absolutamente con nadie sobre el tema. Creíamos que éramos el único en esta situación, porque había miedo a represalias. La palabra gay casi ni se escuchaba.

Nos decían homosexuales y eso era peyorativo. Eras un enfermo, un depravado, un pecador. Yo fui testigo de amigos que se suicidaron por esto; era un sentimiento de que si mi familia se entera, prefiero estar muerto. A mí me botaron de la casa por ser gay, me robaron, me dejaron en la calle.

En ese entonces me uní a una fundación y organizamos un Orgullo Gay. Éramos 12 personas y era chistoso que la mayoría de gente ni siquiera conocía qué era la bandera gay.

Hacer todo esto fue arriesgarme a perder todo contacto con mi familia, a perder un montón de cosas. Pero también fue algo que me hizo ganar mi dignidad.


‘Se necesita despenalización social’
Sandra Álvarez

En de la población Lgbtiq+, las lesbianas somos de las más estereotipadas. En el imaginario social hemos renunciado a la maternidad y somos competencia de los hombres.

Cuando tenía 15 años fui expulsada del colegio religioso en el que estudiaba. Dijeron que para precautelar la integridad de mis compañeros. Luego, en el año 95, con mi pareja fuimos víctimas
de una agresión por parte de la familia de ella, con una gravedad tal que tuvo que ser operada.

Abogados nos aconsejaron que no sigamos un proceso judicial, porque se iba a conocer que éramos pareja y podíamos tener uno en nuestra contra.

Para ir a una discoteca, yo llegaba con un amigo y mi pareja con otro amigo. Una vez que estábamos adentro con nuestras verdaderas parejas, cuando se prendía una luz que todos conocíamos, cambiábamos de manera que la Policía entraba y veía una discoteca heterosexual.

Tener que vivir una doble vida es difícil. La libertad que tenían las parejas heterosexuales para desarrollar sus sentimientos era como una añoranza de quienes no éramos y no somos hétero.

Hoy, como prioridad, lo que necesitamos es la despenalización social de la homosexualidad. Eso implica acceder a derechos a los que todavía no podemos.

‘Parece que los 25 años no pasaron’
Nebraska Montenegro

Pareciera que no han pasado 25 años desde cuando comenzamos la lucha por la despenalización, porque tenemos la misma discriminación y homofobia. Todavía estamos marginadas. No tenemos completamente nuestros derechos porque, igual, son vulnerados.

No tenemos por lo que hemos luchado: un espacio laboral, una educación digna y una vivienda. Pensábamos que ya habíamos ganado mucho con la despenalización, pero creo que en vez de adelantar vamos retrocediendo, porque estamos casi igual.

En los años 90 vivimos una ‘pandemia’, por eso nos llamamos las sobrevivientes. No podíamos ir a un restaurante, a una discoteca, a un bar. Mucho menos a un hospital, porque decían que estaban poniendo una inyección letal a todos los homosexuales.

Nadie quería ir a un hospital. Nos llevaban al SIC, que era en la Montúfar, nos torturaban con electricidad, nos ponían gas. Cuando nos detenían, en la cárcel no éramos personas sino animales, porque así nos trataban.

En el día teníamos que vestirnos ‘normal’, porque si andábamos como travestis en la calle nos detenían. Hoy tenemos una ‘libertad’, entre comillas, pero aún hace falta entender lo que dice la compañera Nua Fuentes: “cuerpos distintos, derechos iguales”.

LA PENALIZACIÒN DE LA HOMOSEXUALIDAD EN EL SIGLO XIX

En 1871, el Código Penal introdujo la penalización de la homosexualidad bajo la figura de la sodomía. Las personas podían ser condenadas desde cuatro hasta 12 años, dependiendo de las circunstancias, o si estaba involucrado un menor de edad. La legislación era tan severa, que si un padre de familia era sentenciado este podía perder los derechos sobre sus hijos.

LA LEGISLACIÓN A LO LARGO DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

En el Código Penal de 1906 se mantuvo la figura de la sodomía como objeto a ser juzgado.
La reclusión podía extenderse hasta los 12 años, dependiendo del caso. Para 1936, el término sodomía fue reemplazado por homosexual en la Legislación ecuatoriana en el Código Penal, bajo el artículo 491, que posteriormente se convirtió en el artículo 516.

LOS HECHOS VIOLENTOS EN CUENCA EN 1997

El 14 de junio de 1997, en el bar cuencano Abanicos se realizó una redada por parte de la Policía Nacional. Las personas que fueron detenidas esa noche denunciaron posteriormente torturas, abusos y violaciones por parte de los oficiales y reos, lo cual llevó a manifestaciones lideradas por miembros de la comunidad trans y organizaciones civiles.

* Yadira Trujillo y Diego Ortiz
https://www.elcomercio.com/tendencias/sociedad/despenalizacion-homosexualidad-ecuador-poblacion-lgbtiq.html 


jueves, 27 de octubre de 2022

MACHOS Y MACHISMO EN "ECUADOR"

 


La caricatura que todos hacemos de todos quiere que el machismo sea patrimonio exclusivo de los latinoamericanos. Quienes nos lo atribuyen olvidan a nuestros maestros los turcos, árabes, japoneses, italianos: baste recordar que los movimientos de emancipación o liberación de la mujer jamás cobraron entre ellos el vigor que siguen teniendo en otras sociedades. Mas de la caricatura, como de la calumnia, algo queda, y es para siempre;  nadie nos quitará el descrédito creado quien sabe por quién, a más de nosotros mismos. 


Pero semejante confusión histórica y geográfica aparte, si parece más nuestro ese prototipo de “macho”, que poco tiene que ver con el machismo. Para comenzar, no sigue un comportamiento, sino que ofrece un espectáculo que, por su propia naturaleza no es ni puede ser constante sino intermitente u ocasional: el macho adopta su actitud de bravucón cuando puede exhibirla, necesita de un público ante el cual lucirse, tal como el que ofrecen los espectadores de una riña, los miembros del Congreso Nacional, los consumidores de televisión. Y como si esa actitud correspondiera a una falta de virilidad física y hasta moral, ciertos políticos - los libaneses y los de la Costa no son los únicos, pero entre ellos se los encuentra más comúnmente llevando a su ámbito una actitud de origen popular - tienen una curiosa necesidad de proclamar e insistir. con demasiada frecuencia, en que son “muy machos”, “muy hombres”, que adoptan “actitudes viriles” - en oposición a sus rivales, que son, no faltaba más, “homosexuales”. 


Basta ver en cada campaña electoral lo que escriben en las paredes de la ciudad: - “Con los pantalones bien puestos” - Olvidando que hoy en día también los llevan las mujeres- y que se los encontrará en cualquier terreno, - “Como varón”- aludiendo fundamentalmente su disposición para el puñetazo, el puntapié o el disparo. 

(Un eterno aspirante a la presidencia de la República ha declarado, quizás para demostrar sus aptitudes para el cargo, que un presidente debe tener “cerebro, corazón y solvencia testicular”, a la que, en su caso, se añade, además, una solvencia mingitoria.). 


Por eso nunca dan a nadie la sensación equivocada de que se trata de hacer alarde del conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo, que es la primera definición de sexualidad. porque semejante reiteración de hombría y otras formas de propaganda, que solo por error puede parecer sexual, hacen pensar, antes que, en un
exceso, en una falta de atributos: ¿es que, si no lo gritan, si no lo exhiben- un juez de Galápagos, ebrio, se desnudó en el salón principal de un buque escuela ante varias personas-, si no lo repiten no se advertir que “son muy hombres”, físicamente hablando, que es lo que les interesa?


Nadie proclama a los cuatro vientos, que es muy inteligente: hacerlo sería su propia negación.


De ahí, también, que nadie asocie el “macho” con el amor, ni siquiera con la lujuria: ante su fanfarronada de guapo y su relación con la mujer no hay más nexo que la ostentación de su capacidad para conquistarla únicamente en tanto que “buen puñete”. El “macho” no es un seductor, ni un amante afortunado, ni siquiera un semental, sino el que vocifera puesto que el grito sustituye en él a las ideas, el que aguanta el dolor (“como macho”; por eso, en una situación similar, se dice de la mujer que es “muy macha), castiga la ofensa (“como hombre”), rechaza la solidaridad o la ayuda, porque se basta por sí solo: en eso, únicamente en eso, pues le falta coraje para lo demás, se asemeja al “llanero” o cualquier otro cowboy, siempre solitario. Consecuentemente, no representa a nadie sino a sí mismo: ése es su “valor”, la condición misma de su hombría, y eso es el cacique político, que colma su soledad y su vacío de individuo con palabras llenas de significado colectivo: habla del pueblo, de la patria, de los pobres. Siguiendo ese punto de vista, la brutalidad en grupo de las bandas o pandillas, generalmente de jóvenes - así comenzó en Alemania el fascismo-, demostraría que están formadas por machos venidos a menos o que no llegaron a serlo enteramente: de machos cobardes, en el fondo, aunque solamente en apariencia sea una contradicción de principio: en muchos casos el provocador termina por mostrar su cobardía.  Porque esta resulta de la unión del machismo y el poder, cualquier clase de poder - se trate de un obscuro secretario de la Administración o del matón o delincuente urbano, del ministro cerril o de su guardaespaldas, del chofer de autobús o del policía sobornado-, igual que la estolidez que muestra sus uñas en el racismo, el regionalismo, la agresividad gratuita, la ironía idiota. 


Nadie, ni siquiera él asocia al macho con la masculinidad: le falta inteligencia para eso, no tiene nociones de ética ni de pensamiento, no puede reconocer en sí mismo rasgos o atributos que suelen existir también en el prototipo femenino: su brutalidad se ejerce además, y hasta de preferencia, contra la mujer, lo que para él no menoscaba sino que estúpidamente reafirma la autoapreciación de su valentía: ha demostrado que sigue siendo el que manda, aunque para ella sea ésa, más que cualquier otra, la expresión acabada de la cobardía, por lo que lo llamará sin más “maricón”

Entre abril de 1994 y octubre de 1996, se formularon más de 23.000 denuncias por agresiones contra las mujeres entre las que el maltrato físico y psicológico alcanzó el 87 por ciento, mientras que el sexual superó el tres por ciento”. Entre los agresores, todos machistas, y además machos, figuran los trabajadores informales, empleados asalariados, profesionales, así como policías y militares quienes no gozan de fuero alguno si son citados a las Comisarías de la mujer. 


Según el Centro de investigaciones de la mujer ecuatoriana, el 73% de mujeres son golpeadas por sus cónyuges; de ellas el 37% son golpeadas por lo menos una vez al mes y, en algunos casos, diariamente: el 12% asegura n que fueron agredidas sin motivo alguno; el 54% de mujeres maltratadas presenciaron escenas de violencia doméstica en su infancia, el 78% recibieron golpes cuando eran niñas; el 17% huyeron de sus hogares, por razones de violencia, en su infancia. 


Es evidente que estos datos no comprenden a las indias, puesto que no acuden a tales oficinas ya que la justicia, inclusive ésa, la imparten y administran, en español, blancos o casi, y porque, con un lugar común como ejemplo de sometimiento, suelen justificar el maltrato diciendo: “Para eso es marido: para que pegue” (Asunto que fue enseñado por los religiosos católicos a los indígenas, cuando estos, que también creen en un Dios machista, llegaron por estas tierras).

El macho ignora que “la relación sexual es el acto más íntimo y bello entre dos seres”, según decía el romántico Karl Marx. Por el contrario, incurre en el exhibicionismo torpe, sombrío, sórdido - y la jactancia denota. ¡Además o ante todo? su desprecio de la mujer,
tratando de recompensar la incapacidad de erotismo con la proclividad a la pornografía.
(Sería interesante analizar los motivos secretos que llevaron a algunas autoridades secundarias de la Municipalidad de Quito, ayudadas por señoras muy diligentes, a tratar de prohibir el Primer Festival de Erotismo en diciembre de 1998).  


Aunque las confesiones de Alfredo Adoum, ministro, evidentemente de Bucaram, recogidas por todos los periódicos del país, son harto conocidas, cabe reproducirlas como muestra de lo cotidiano del lumpen erigido en exceso y de la prolongación oficial que puede tener un comportamiento generalizado en los sectores que la integran, como se desprende de las denuncias en las Comisarías de la mujer y la familia: “Hubiera querido vivir en esa época de las cavernas. La mujer que me gustaba la cogía del moño y me la llevaba a la cueva y me la comía. Satisfacía mis apetencias sexuales y mis apetencias biológicas, porque en esa época se comía a las mujeres en ambos sentidos”. (En la misma ocasión hizo un autorretrato: “A veces digo que la única diferencia entre el hombre de Cromañón y Alfredo Adum es la ropa”).


A diferencia de la caricatura mexicana que puede servirle de modelo - la argentina, después del apogeo del compadrito exaltado por Borges, es más bien verbal y está, en parte, desmentida por el llanto del varón en el tango a causa de la mujer, trátese de una percanta o de una bacana- , el “macho” va usualmente desarmado, mas cuando es dirigente político- y aquí el cacique es el macho por excelencia o el diputado que lleva consigo una pistola, revólver, látigo o arroja a la cabeza de otro lo que encuentra  a mano, sea botella o cenicero, como rúbrica de sus amenazas. Pero se acobarda ante las “barras” que no han sido llevadas por su partido, y no es raro que vote como ellas exigen cuando se trata de la modificación, sin otro argumento que su gritería, de algún proyecto de ley. 


Curiosamente, no se encuentra un estereotipo femenino opuesto al macho. Sería, en principio, la hembra, pero el término tiene connotaciones referidas casi exclusivamente al cuerpo, más aún cuando se habla de una “real hembra”, lo que podría desvirtuar el modelo, ya por una actitud despectiva, ya por una exaltación de orden sexual. No es imposible que el macho se jacte de tenerla: “Mi hembra” significa mucho más que “mi mujer”: Entraña triunfo de la conquista, la ostentación de la propiedad apetecida por todos los de su calaña y cierta garantía de independencia que de algún modo pierde, pese a hacer alarde de su libertad, el marido respecto de la “esposa”, lo cual no sucede con la amante o “concubina”. 


Para el “macho”, y para gran parte del país el arquetipo de mujer reúne cualidades de “decente” en el sentido de recatada sexualmente, sumisa, sufrida y, sabido es que se le han atribuido tradicionalmente las tareas de madre, esposa o hija.  Pese a ello, en las reuniones sociales, prácticamente de todas las clases sociales, subsiste hasta hoy entre hombres y mujeres la costumbre de formar grupos separados.  Un criterio machista lo atribuía al hecho de que las mujeres no podían participar en conversación de los varones, sobre todo fútbol, política, arte, literatura, como si a todos los machistas les interesa la cultura. 

Pero semejante explicación o excusa no es válida cuando en el grupo de mujeres hay profesionales o funcionarias de mayor rango que su marido: son aquellas de quienes, por ser inteligentes, el machismo dice que “parecen hombres.” 


Si todos los defectos del poder: absolutismo, despotismo, nepotismo, irrespeto a los derechos humanos, corrupción desmesurada, etc, parecieron exacerbar en un gobierno derrocado por un número de voluntades mayor que el de sus electores, ello se debe a que en sus integrantes, colaboradores, asesores, sirvientes y esbirros se exacerbaron también los atributos del “macho”, tales como la inmoralidad, la fealdad de espíritu, la obscenidad, y una sexualidad sucia. Tal es el punto donde se juntan la sordidez con la vulgaridad, las agresiones contra la ética y la estética. 


Qué pensar de ese candidato presidencial tenaz cuyo más profundo análisis ideológico de sus adversarios políticos fue decir, de uno, que - tiene testículos más pequeños que los suyos” y de otro, - que su esperma es aguado - sin que nadie le hiciera notar porque él sabía eso. 


Tampoco relacionan con toda esa basura sexual el gesto obsceno del típico macho, con aquel jefe de Estado que afirmó que “le gusta las negras de esmeraldas con las cuales mantiene romances de burdel”, y presumió al levantar el borde de la falda de la candidata a la vicepresidencia, mientras preguntaba a los electores potenciales - ¿Verdad que tiene lindas piernas? 


Igual que el escándalo suscitado por un ministro, aprovechado la aglomeración de fanáticos de un cantante español, por la pérdida de unos calzoncillos, agregando que seguramente los habrá robado un homosexual, y el mismo dijo a los periodistas que - eran defensores de los gays”. Para estos políticos meter presos a los gays, torturarlos, les da la categoría de ser “muy machos”. 


Para Ernesto Sábato, el sexo es una forma de poder, pero el poder político o económico generalmente es ejercido por los varones. Mientras que las mujeres se convierten más en un atractivo sexual, en el cual son conducidas a la obediencia o a la dominación.


Tomado de ECUADOR, Señas particulares de Jorge Enrique Adoum.