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jueves, 1 de marzo de 2012

EL RETIRO ESPIRITUAL DE UN TRAVESTI


En los años 80 fue víctima de discriminación “porque vestirse como mujer era un delito que se pagaba con la cárcel”.

Ismael Anastacio Yagual, o “Claudia”, es uno de los travestis y activistas del movimiento de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexos (Glbti) más antiguo del país que en los años ochenta defendió los derechos humanos de la comunidad.

Ha sobrevivido a la discriminación y violencia social que muchos de sus compañeros no pudieron resistir. Actualmente tiene una vida sosegada y solo se dedica a su negocio, dejando a un lado las farras, los amoríos, las actividades sociales y los grandes desfiles.

Nació en la isla Puná hace casi sesenta años y luce un aspecto diferente al de sus años de juventud. Ahora tiene la cabeza y las cejas rapadas y prefiere mantenerse alejado de la actividad pública.

Su lucha por lograr un trato más justo para la comunidad empezó hace muchos años, cuando el vestirse como mujer era considerado un delito castigado con cárcel. Ahora la nueva generación es la que batalla por obtener conquistas sociales.

En su niñez fue muy pobre y quedó huérfano de padre. “Mi madre fue todo para mí. Siempre la respeté y no le hice pasar malos momentos. Fui prudente con mi vida personal. Siempre me gustaron los hombres”, sostiene.

BAILARINA

Ismael vivió tres años en Colombia, país en el que trabajó como bailarina en centros nocturnos. Fue bautizada como “Claudia” porque durante sus shows imitaba a la cantante Gladis Caldas Méndez, más conocida como Claudia de Colombia.

Para travestirse usó trucos que le daban la apariencia de una fémina voluptuosa. “Agarraba pedazos de espuma del colchón y me los colocaba en los pechos, cadera y pompis. Aunque aún no se escuchaba hablar de la silicona, tampoco me la hubiera puesto”, afirma.

Su vida sentimental comenzó a los 18 años con otro joven de su misma edad. “Mi primera pareja fue un uniformado. Trabajaba en la cocina de una institución”, recuerda.


ENCARCELADO

“En el tiempo de la dictadura militar, los días fueron muy duros para el gremio”, dice. Ella y sus compañeras eran víctimas de persecución y maltrato. “En ese entonces era un delito andar vestido como mujer”, manifiesta.

“A las bravas nos subían a los carros y metían en el cuartel Modelo. Los otros presos abusaban de uno. Éramos muy humillados”, indica.


FUE DUEÑO DE LA MANZANA

En los años ochenta fue dueño de varios restaurantes. También “tuve una discoteca llamada La Manzana. Fue famosa por los striptease que se hacían. A estos eventos asistían hasta hombres de uniforme”. Sin embargo, un crimen ocurrido en el interior del centro provocó su clausura.

Por su actividad de estilista fue contratado para varios eventos de belleza.


“ES SU VIDA”

La decisión de Ismael “depende de las circunstancias de la vida de cada persona y de sus creencias,
por lo tanto respeto el criterio. Él puede adoptar esta posición de llevar su vida como quiera”.

Este personaje ahora dedica su vida a su trabajo y a Dios.



DEJÓ LA ROPA FEMENINA

Hoy,pese a que hay menos discriminación, confiesa que de a poco se retira de la vida activa. Por eso no se viste como mujer o solo lo hace en eventos especiales.

“Creo que hay etapas en la vida. Llega un momento en que hay que apegarse a la conducta de Dios, es decir leer la Biblia e ir a la iglesia”, manifiesta con firmeza.

Por eso hoy está solo y se dedica la mayor parte del tiempo a su centro estético de belleza, donde atiende a su clientela.


Germania Salazar, Guayaquil

miércoles, 21 de diciembre de 2011

14 AÑOS DESPUES DE LA DESPENALIZACION DE LA HOMOSEXUALIDAD EN ECUADOR


EL 27 DE NOVIEMBRE DEL 2011 SE CUMPLEIRON 14 AÑOS DE LA DESPENALIZACION DE LA HOMOSEXUALIDA EN ECUADOR.

Rememorar este acontecimiento tiene sentido, por cuanto a partir de él se marca un Punto Histórico de partida en la posterior lucha por el reconocimiento de los derechos de la población GLBTI en las leyes de nuestro país.
Lo ocurrido en el año 1997 ha sido presentado como un hito  de lucha por parte de algunas organizaciones y activistas GLBTI del país, sin embargo, es importante recalcar que este hecho no estuvo  libre de homofobia desde su mismo surgimiento.
Cabe recordar que la homosexualidad masculina no se despenalizó porque las autoridades del Tribunal Constitucional (TC) de aquel entonces creyeran plenamente en la libertad de ejercer los derechos sexuales. El argumento homofóbico que se presentó fue que al ser la homosexualidad una enfermedad debía de dejar de ser considerada un delito porque eso evitaría que se propague en las cárceles. En cuanto al lesbianismo, las misóginas leyes de nuestro país ni siquiera lo mencionaban, por lo cual las lesbianas eran plenamente invisibilizadas.
¿Qué se ha logrado en el país a partir de este hecho?
Una ampliación progresiva de derechos. En la Constitución de 1998 se incluyó la no discriminación por orientación sexual como un derecho fundamental.
En el año 2008 la Asamblea Constituyente que elaboró la actual Constitución, volvió a incluir la no discriminación por orientación sexual y gracias a la presión de  organizaciones de personas transgénero y transexuales, se añadió la no discriminación por identidad de género. La unión de hecho entre dos personas sin especificar su sexo, fue otro logro además de una redefinición del concepto de familia.
Este avance legal no ha significado necesariamente una transformación de patrones socios culturales patriarcales y homofóbicos que subyacen dentro de las mismas instituciones del Estado. Catorce años son un periodo de tiempo que requiere ser evaluado y analizado con más criticidad para daros cuenta que las leyes que un Estado establezca, no son la panacea absoluta contra el odio que aún mantienen diversos sectores de la sociedad hacia la población GLBTI. La Tarea es ardua y el camino aún es largo para lograr la inclusión plena de todas las personas sexualmente diversas.
Por Frenando Sancho
Investigador Social
Tomado de la revista MAX – El Lugar sin Limites.
www.ellugarsinlimites.net
PAIS CANELA
Información Sobre Diversidad Sexual en Ecuador
http://paiscanela.webs.com/

viernes, 19 de agosto de 2011

¿CURA PARA LA HOMOSEXUALIDAD EN ECUADOR?

Curar’ la homosexualidad


El intendente de Policía del cantón Cuenca seguramente pensaba que el resultado de sus acciones tendría un gran despliegue en los medios de comunicación, y por eso les puso el señuelo. Se enteró de una fiesta privada en una discoteca, fiesta que para muchos era pública: la elección de Miss Gay 1997. E invitó a reporteros de televisión para que acompañen el “operativo”.
Cerca de la medianoche, intendente, policías y periodistas ingresaron a la discoteca, en pleno Centro Histórico de Cuenca, y ante sus rostros de asombro, su moralismo, su temor interno por descubrirse en el otro, detuvieron a decenas de asistentes, incluido Pedro, que aquella noche ganó el concurso. Claro que al día siguiente las tomas al interior del local desaparecieron, por inconvenientes para ciertos círculos sociales y políticos cuencanos.
A los desapadrinados los trasladaron al Centro de Detención Provisional de la Policía Nacional, a una denigrante celda conocida como de “delincuentes comunes”. Este calabozo se hallaba justo en frente del de los infractores menores, como los de tránsito, pero con frecuencia era utilizado para atemorizar o aleccionar a quienes, a discreción del custodio de las llaves, debían pasar por ese “bautizo”.
Pedro –me lo confesó tres días después en su gabinete de belleza donde se ganaba la vida– fue violado una y otra vez. Lo violaron hasta el amanecer. Hasta cuando al custodio de las llaves se le agotó la venta de preservativos. Los detenidos en el operativo del Intendente y la prensa fueron más de cincuenta, y Pedro llevó la peor parte.
Pero hubo otra facción de comunicadores que asumió el tema con espíritu crítico. Y dio espacio a los movimientos sociales que se formaron en torno al hecho. El objetivo era dejar sin armas legales al intendente en cuestión y los que vengan después: se demandó la inconstitucionalidad del artículo 516, inciso primero, del Código de Procedimiento Penal del Ecuador que tipificaba como delito la homosexualidad.
El mentado artículo decía: “En los casos de homosexualismo, que no constituyan violación, los dos correos serán reprimidos con reclusión mayor de cuatro a ocho años”. En septiembre de 1997 el Tribunal Constitucional aceptó parcialmente la demanda y se despenalizó, también parcialmente, la homosexualidad.
La batalla legal que las organizaciones de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero (GLBT) emprendieron, apuntó no solo a demostrar que la homosexualidad no es un delito, sino que tampoco es una enfermedad. La propia Organización Mundial de la Salud, OMS, se ha pronunciado descartando la creencia de que esta opción es una enfermedad.
Sin embargo, y pese a los años transcurridos, parece que nada ha avanzado, confirmando que los procesos de cambio no son una solamente cuestión de legislación, sino fundamentalmente de educación.
Porque si bien ahora la intolerancia ya no tiene al artículo 516, inciso primero, para justificar sus “operativos”, la tendencia a creer que la homosexualidad es una enfermedad parece haber crecido. Por ello se ha denunciado la existencia de 300 centros dedicados a “curar” la “enfermedad de la homosexualidad”.
Debemos recuperar estos últimos 14 años en materia de tolerancia y convivencia. La vida es muy corta como para perderlos a razón de indiferencia.

viernes, 8 de julio de 2011

LOS ENCHAQUIRADOS: EL PASADO SEXUAL DE GUAYAQUIL

Y es con gran dolor y terror que uno comienza a darse cuenta de esto.
Sintiendo dolor y terror, uno comienza a evaluar la historia
que lo ha colocado a uno donde esta, y cómo ha formado su punto de vista.
Sintiendo dolor y terror, porque de allí en adelante,
uno entra en una  batalla con esa creación histórica, lo que es uno mismo,
e intenta recrear a uno mismo de acuerdo a un principio más humano y más liberador;
comienza así el intento de alcanzar un nivel de madurez personal y libertad,
lo cual roba a la historia de su poder tiránico, y,  al mismo tiempo, la cambia.
James Baldwin.


 
LOS ENCHAQUIRADOS: EL PASADO SEXUAL DE GUAYAQUIL
- Mi nombre es Jorge, pero mi nombre de batalla es Dolores.
Esta respuesta hubiera sido inquietante viniendo de un hombre ecuatoriano cualquiera, pero lo era aún más viniendo de un habitante de un aparentemente tradicional pueblo costero como lo es San Pablo , en la Península de Santa Elena
- ¿Cómo podría un “hombre”, rodeado por su grupo de amigos, ser tan abierto acerca de su homosexualidad e identidad queer?
Esto era particularmente problemático ya que la mayoría de hombres guayaquileños, gastamos una gran energía en mantener una identidad heterosexual  ostensible en congruencia con los roles sociales prescritos para nosotros. Pero lo era más considerando  que , esto paso a mediados de los ochentas, donde cualquier actividad sexual entre hombres adultos en Ecuador llevaba una sentencia obligada a prisión por ocho años.
Nuestra hombría heterosexual no era para ser tomada a la ligera. Los gays guayaquileños, habíamos pasado demasiado tiempo en el colegio, en casa, en el vecindario, en nuestras mentes, construyendo una identidad masculina heterosexual que nos proveyera el respeto necesario  para llevar a cabo nuestra vida diaria, incluyendo el hecho de nuestra supervivencia.  Cualquier noción de una identidad homosexual era recibida con enorme sospecha debido a un sin número de restricciones culturales y sociales, así como la de un aparato legal, los mismos que habíamos activamente validado y participado hasta entonces.
Durante este tiempo  he cuestionado y analizado – y he sido impresionado por – una representación histórica de la heterosexualidad como hegemónica y producida a costa de una rica serie de prácticas y deseos sexuales diversos.
Los elementos significativos de un pasado homosexual prehispánico han sido distorsionados  y , en última instancia, excluidos de la producción contemporánea de la historia de la ciudad. Estas distorsiones resultan aún más significativas porque muchos de estos elementos homosexuales prehispánicos han sido pasados por alto sistemáticamente.
Las estatuillas de varones participando en sexo oral y anal están presentes a lo largo de las culturas prehispánicas andinas, incluyendo la de los Manteño Huancavilca. Es más estas estatuillas explícitamente sexuales han capturado la imaginación contemporánea mientras que réplicas modernas son hechas para propósitos comerciales, incluyendo unos populares y provocativos llaveros.
·         El análisis alternativo de los enchaquirados cuestión ala tradicional historia heterosexista de la ciudad.

·         Los Enchaquirados ( Un harem homosexual de sirvientes jóvenes destinados a tares religiosas y sexuales) son descritos por los mismos relatos etnohistóricos que han sido utilizados para reconstruir la historia colonial de Guayaquil.

·         Para los grupos prehispánicos en cuestión, los enchaquirados fueron tan queer como las prostitutas y las amas de casa son para los guayaquileños actualmente.
Los Manteños – Huancavilca fueron vistos como infames en los relatos españoles pro prácticas tales como la adoración de piedras sagradas, efigies de madera y otras y deidades, así como por la reducción de cabezas, costumbres de entierro “birzarras”, y por último pero no menos importante, por su pública aceptación y práctica de la sodomía.
Víctor Emilio Estrada en su estudio de 1957 sobre el  grupo menciona, en un párrafo corto y fácilmente pasado por alto, que “eran sodomitas y tenían a sus niños muy bien enchaquirados y ordenados con sartales (collares) y muchas piezas de joyería de oro”.
( Estrada 1957: 12; énfasis agregado).
Para los cronistas españoles, todo esto probaba que los Manteño – Huancavilca participaban en rituales barbáricos y estaban en comunicación directa con el propio diablo.
Pero esta peculiar representación de las prácticas religiosas del grupo no es inesperada, puesto que el énfasis  en los rituales de nativos americanos como algo diabólico fue difundido en los relatos coloniales a lo largo del Continente ( ver Las Casas 1982:69).
Zárate sobre los rituales costeros que impresionaron mayormente a los españoles.
Entre las descripciones de las reprensibles actividades de estos grupos, de acuerdo a los españoles, no se hallaban sólo aquellas de idolatría, acuerdos con el diablo, sacrificios animales y humanos, sino también, de manera preponderante, aquellas del pecado de sodomía. De capital importancia en esta práctica sexual era un grupo de hombres jóvenes reconocidos por su actividad homosexual religiosa (o ritualizada) y su uso ritual de chaquiras (cuentas de conchas) y adornos de oro:
“Y en otros respectos para que el diablo los tenga atados a sus cadenas de pecado, es precisamente sostenido que en los oráculos y templos donde eran dadas respuestas a sus preguntas, se asumía que era necesario para este servicio que algunos jóvenes estén en el templo donde eran dadas respuestas a sus preguntas, se asumía que era necesario para este servicio que algunos jóvenes estén en el templo desde una temprana edad, para que en ciertas ocasiones y durante los sacrificios y fiestas santas, el señor y otras autoridades pudieran acarrear con ellos el maldito pecado de la sodomía. Y para que usted pueda entender lo que está leyendo, como algunos entre ellos aún mantienen este ritual diabólico: narraré una historia que me fue dada en la ciudad de Reyes por el Fraile Domingo de Santo Tomás, la cual tengo en mi poder y va de la siguiente manera:
…Y eso es que cada templo o adoratorio primario tienen uno o dos hombres, o más, de acuerdo al ídolo. Han sido vestidos como mujeres desde que eran niños pequeños, y hablan como tales; y en su trato, ropas y en todo lo demás ellos imitan a las mujeres.
Estos hombres participan en uniones carnales como un signo de santidad y religión, durante sus fiestas y días santos, especialmente con los señores y otras autoridades. Yo lo sé porque he castigado a dos. Los cuales, cuando les dije del maligno acto que estaban cometiendo, y la fealdad del pecado que estaban haciendo, contestaron que no eran culpables, porque desde el momento que nacieron habían sido colocados ahí por sus caciques, para utilizarlos en este maldito  y horrendo (nefando) vicio, y para ser los sacerdotes y guardianes del templo. Así que lo que yo deduje de esto es que , el diablo estaba tan a cargo de estas tierras, que no habiendo sido contentado con hacerlos caer en semejante gran pecado; sino también los había hecho creer que tal vicio es una forma de santidad y religión y de esa manera los tenía más esclavizados.
Esto me fue dado por Fraile Domingo, conocido por todos, y conocidos por ser un amigo de la verdad (Cieza de León 1986: 199 – 200).”
* Fernández de Oviedo ( 1952, IV: 221) describe los enchaquirados de la siguiente manera:
“Estas tierras de Puerto Viejo son planas y con muy pocos cerros, y el sol las achicharra bastante y están un tanto enfermizas. La mayoría de los indios que habitaron la costa son sodomitas abominables, haciendo esto con los niños, y tenían a los niños muy bien enchaquirados y adornados con bastante joyería de oro. Trataban a sus mujeres muy mal. Usaban pequeñas camisas, y sus vergüenza es expuesta.”
* El Inca Garcilaso de la Vega ( 1998: 390) se refería cuando expresaba que:

“Los naturales de Manta y de la región, particularmente a lo ralgo de la costa (pero no aquellos tierra adentro los cuales son llamados serranos) practicaban la sodomía más al descubierto y con menos vergüenza que ningún otro; esto es, más que todas las otras naciones que hasta la fecha han sido notorias por este vicio.”
Muy poco es conocido acerca de estos hombres jóvenes, aunque ellos difícilmente parecen haber sido transgresores sexuales  y más bien, parecen haberse hallado bastante integrados a la sociedad normativa. Estructuras religiosas similares de muchachos jóvenes sirviendo en templos y participando en una homosexualidad ritualizada son también descritos en otras partes de las Américas (Ver Trexler 1995 para una descripción exhaustiva aunque poco crítica), tanto en el Perú Central (Cieza de León 1986) como en Mesoamérica (Las Casas 1982:70).
Cuando uno toma en cuenta el uso de las chaquiras y el oro podemos asumir que estos jóvenes fueron sostenidos en un status de consideración dentro de la comunidad, especialmente porque las chaquiras fueron consideradas artefactos invalorables entre estos costeros. Igualmente importante en muchas de estas descripciones es que las chaquiras eran altamente estimada y en algún caso eran también parte inconfundible del atavió masculino:
Ellos ataban sus brazos y piernas con algunas vueltas y cuentas de oro, plata y pequeñas turquesas, y cuentas  y conchas rojas y blancas, sin permitir a ninguna de las mujeres usar estas (Zárate 1995: 33).
Algunos otros relatos también parecen indicar el valor del servicio de tales jóvenes a sus señores, al punto de que muchos de elos también fueron sepurtados junto con las esposas en la tumba del señor:
“Una o dos de sus mujeres se sepultaría a sí mismas con él, las que él amaba más, y por esto algunas veces habían peleas entre ellas,  así pues el fallecido dejaría esto decidido antes de su muerte, y  de la misma manera ellos sepultarían con él dos o tres niños jóvenes de sus servicio, poniendo en la tumba todas las vasijas de oro y plata que tenían (Zárate 1995;33, énfasis agregado).
* Era la costumbre de poner las armas con el fallecido en su tumba, y su tesoro, y  tomaba mucho trabajo mantener esto en estas tierras que habían sido descubiertas. Y en muchas provincias también incluirían mujeres y niños vivos… Y ellos tenían esto como la verdad, ellos sepultaban con el fallecido sus mujeres más amadas, y sus más privados servidores y sirvientes… y en estos valles es común sepultar a los muertos con sus riquezas y cosas más importantes, y muchas mujeres y los sirvientes más privados que un señor tuvo mientras estaba vivo (Cieza de León 1986: 166, 194, 197; énfasis agregado).
Otras actividades homosexuales también son descritas por muchos de los cronistas que visitaron tempranamente estos grupos costeros:
“Pero como esta gente era mala y llena de vicios, a pesar de que entre ellos habían muchas mujeres, y algunas de ellas extremadamente hermosas, la mayoría de ellos participaban (lo cual me ha sido certificado) públicamente y al descubierto en el horrendo pecado de la sodomía, en el cual se dice que ellos se glorificaban en extremo. Es verdad que en los últimos años el Capitán Pacheco y el Capitán Olmos, que ahora están en  España, castigaron crudamente a los indios que cometieron el pecado anteriormente mencionado, advirtiéndoles de cuánto Dios estaba disgustado y ellos fueron tan implorados que ahora poco o nada de este pecado es practicado, ni ninguna de las otras malas costumbres que tenían, ni tampoco hacen uso de otros abusos de su religión. (Cieza de León 1971: 198).
Este último relato reconoce tnato la extendida páctica de la sodomía entre los Manteño – Huancavilca como la reserva de Cieza en discutir en detalle la práctica sexual de la sodomía misma. Lo que es también bastante evidente es la prescripción ritualizada del comportamientno homosexual para algunos miembros de esta comunidad indígena.
En algunos de los otros relatos, como el del Fraile Reginaldo de Lizárraga, el uso de la actividad homosexual para crear un sentido del “otro” es particularmente explícito. Tal distancia no es solamente proporcionada por los mismos españoles, sino que es también instrumental para diferenciar entre las varias comunidades indígenas. En este relato, donde Lizárraga parece haber invertido los grupos, las descripciones de los actos de sodomía no sólo tienen cualidades civilizadoras sino también connotaciones raciales:
Allá vivieron en esta ciudad y sus distritos dos naciones de indios, una llamada Guamcavillcas (sic), gente bien dispuesta y blanca, limpia en su vestimenta y bien parecida; los otros son llamados Chonos, negros, y no tan sociables como los Guamcavillcas (sic); ambos son gente guerrera, con armas, arco y flechas. Los Chonos tienen mala reputación de participar en horrendos vicios de sodomía, ellos tienen el pelo al final de sus cabezas y la parte de arriba es completamente calva, por lo cual  el resto de los indios los ridiculizan; llamándolos perros Chonos cocotados (rasurados) como lo relataremos más tarde (Lizárraga 1968:66; énfasis agregado).
Benzoni también parece compartir este tono racialita y moralizador cuando describe los vasallos del Cacique de manta como “feos, sucios sodomitas, llenos de toda maldad”. (Benzoni 1985: 110).
Otro elemento interesante en la descripción de la homosexualidad masculina ritualizada entre grupos costeros des la narrativa fantástica sobre la presencia de gigantes en esta área. Es muy probable que las narrativas de gigantes hayan sido estimuladas por la presencia de grandes huesos desenterrados de una extinta población de mastodontes en el área. La existencia de esos gigantes es narrada por muchos cronistas, y sus narrativas comparten la característica de describir a los gigantes como depredadores; primeros de comida y suministros y más tarde también de personas. Los relatos expresan que inicialmente, mujeres indígenas fueron asesinadas por los acercamientos sexuales en estos gigantes, razón por la cual los gigantes recurrieron a tener sexo entre ellos mismos. Una característica sorprendente de en las descripciones es que se decía que todos los gigantes eran hombres, sin que la ausencia de mujeres gigantes genere una explicación o racional:
* Algunos años habían pasado y estos gigantes todavía están en estos lugares; como no tenían mujeres, y las mujeres indias no les calzaban por sus tamaños, o porque era un vicio común entre ellos por consejo y apoyo del diablo mismo, ellos utilizaron el uno con el otro el (Nefando) pecado de la sodomía, tan horrendo y de graves consecuencias; el cual usaron y lo llevaron a cabo públicamente y al descubierto, sin temor a Dios y muy poca vergüenza de ellos mismos. Y todo los indios (naturales) declararon que Dios nuestro Señor , no habiendo querido ignorar tan horrible pecado, les envió un castigo de acuerdo con la fealdad del pecado (Cieza de León 1971: 206).
Como la representación histórica siempre “opera en un campo de enredados y confusos pergaminos, sobre documentos que han sido excavados y copiados algunas veces”, la verdad absoluta es más una fantasía productiva que una meta absoluta (Ver Foucault 1998: 269). Tomando en cuenta la hermenéutica histórica, estos relatos expresan los prejuicios particulares que los españoles acarrearon a su propia imaginación histórica y que siglos más tarde alimentaron la imaginación etnográfica sobre prácticas sexuales no occidentales. (Blyes 1995).
Los enchaquirados estaban lejos de ser una aberración, constituyendo un elemento social normativo, ritualmente prescrito, de la sociedad Manteño – Huancavilca y posiblemente de otras poblaciones prehispánicas. Es también evidente que normas sexuales estrictas fueron parte de las comunidades indígenas americanas del pasado, pero a diferencia de hoy, la homosexualidad estaba lejos del “crimen” o “pecado” como ha sido reificado en términos contemporáneos. Esta nueva interpretación histórica demanda una valoración de los discursos hegemónicos más amplios que estructuran todas  las interpretaciones del pasado. ( Wylie 1995).
Autor:
HUGO BENAVIDES
Departamento de Antropología, Fordham Univesity, Nueva York
benavides@fordham.edu

miércoles, 11 de mayo de 2011

MATICES DE LA DESPENALIZACION DE LA HOMOSEXUALIDAD EN 1997

MATICES DE LA DESPENALIZACION DE LA HOMOSEXUALIDAD EN 1997


Es innegable que la despenalización del delito de “homosexualismo consentido”, tipificado en el artículo 516, inciso 2do del  Código Penal y anulado por el Tribunal Constitucional del Ecuador el 27 de noviembre de 1997, constituye un hito en el proceso organizativo GLBTI. Tanto así, que nos gusta pensar en el 27 de noviembre como Día Nacional de la Diversidad Sexual; una especie de fecha criolla que se contrapone al famoso “orgullo” de Stonewall, del 28 de junio.

Sin embargo, trece años de vida política post despenalización, invitan a repensar el “hito” GLBTI en varios sentidos. Leer críticamente la despenalización, cómo se dio y por qué, quiénes fueron sus protagonistas y qué implicó para ellos pasar de la noche a la mañana “de maricones a gays; de delincuentes a sujetos de derecho”, arroja luces sorprendentes sobre la década inmediatamente posterior, y sobre el momento actual.
Un primer hecho relevante es que, a nivel jurídico, la despenalización fue una victoria de forma pero no de fondo. El Tribunal Constitucional no motivó su resolución de anular el delito de homosexualismo consentido bajo criterios de libertad de conciencia, de autonomía y soberanía corporal, tampoco de respeto a la diferencia, a la intimidad, al proyecto de vida y a la identidad y menos aún por la consideración de que la diversidad fuera valiosa y tuviera relevancia en el ámbito de los derechos culturales. El 516, inciso 2do, se despenalizó bajo tres consideraciones:

primera, que el homosexualismo era una enfermedad,  segunda, que la condición de enfermedad eximía la responsabilidad delictiva; y , tercera, que despenalizar esta enfermedad evitaría que se propagara en las cárceles.

A nivel formal, por supuesto, la despenalización sencillamente abrió la puerta de un momento distinto de reivindicación de los derechos de la diversidad sexual como derechos humanos. Pero la resolución ya anunciaba que la primera década post – despenalización tendría que ocupar a las organizaciones activistas con la subversión de los criterios discriminatorios subyacentes. Doce años después, los criterios sustantivos  por los que debió anularse el artículo 516, inciso 2do, se han  juridizado e institucionalizado en gran medida y se van materializando socialmente también.

La constitucionalización expresa del carácter laico del Estado (2008), además, señala el camino jurídico para la eliminación de metajurídicos que aún encuentran ciertas trincheras formales, como el ámbito hasta ahora subjetivo de las contravenciones penales. De ahí la urgencia de su supresión en el que será el nuevo Código de Garantías penales.

Un segundo hecho importante es la revisión histórica de la despenalización es que el 516, inciso 2, sancionaba las prácticas sexuales consentidas entre hombres adultos. Jamás existió norma alguna en el Ecuador que sancionara las relaciones sexuales lésbicas o que sancionara la identidad de género trans. Respecto de la identidad de género, existía un afortunado vació conceptual y una desafortunada normalización de la represión de toda estética de género que se considerara “contraria a la moral y a las buenas costumbres” con base en las ya mentadas contravenciones penales. Respecto del lesbianismo, en cambio, “el legislador” siempre fue muy  falocéntrico y muy poco imaginativo. Entre lesbianas no podía haber delito de homosexualismo, por falta de “acto”.

La gran ironía es que la firma ciudadana que respaldó la histórica demanda de inconstitucionalidad del 516 fue una firma predominantemente femenina; al tiempo que la cara pública que reivindica “los derechos de los homosexuales” fue la de las trans femeninas. En definitiva,  mujeres (lesbianas, heterosexuales y bisexuales) y transgenero femeninas fueron protagonistas de una reivindicación de la soberanía del cuerpo de los hombres gays. No pensamos que esto sucediera con particular conciencia política. Al contrario, los lugares sociales del género y la clase seguramente imperaron una vez más. Las mujeres sin duda experimentarían menos censura social que los hombres a la hora de consignar una firma a favor de los derechos gays en 1997.

Las trans femeninas, como un colectivo que ha afrontado históricas desventajas socioculturales y extrema discriminación, sin duda tendría poco que perder al “dar la cara “ en el proceso de despenalización. Lo interesante es que estas realidades patriarcales y de clase son, precisamente, las que, años después, han empezado a politizarse. Y , al hacerlo, han diversificado un discurso GLBT hasta hace poco pensado como homogéneo. La corriente transgenero feminista a la que adscribe el Proyecto Transgenero es un ejemplo de ello.

Finalmente, un tercer aspecto retrospectivo de la despenalización dice de un saldo político.
En 1997, las trans femeninas aparecen en el imaginario público como un sujeto escandaloso y victimizado;  necesitado de una mínima protección legal y una mínima tolerancia social. Ese sujeto armoniza poco con la reivindicación ya menos tímida de otros derechos (incluidos derechos de familia) que ocupa al proceso GLBTI ecuatoriano en los años posteriores a la despenalización. Como resultado, se produce un desfase entre las necesidades trans y la agenda gay.

En definitiva, las corporaciones gays se benefician de la presencia trans en el proceso histórico de despenalización de la homosexualidad en el Ecuador y , sin embargo, una vez que esta se logra, pierden el interés por  reivindicar derechos básicos, al tiempo que las identidades trans siguen inmersas en problemáticas discriminatorias esenciales como las de la esfera laboral y de inquilinato o la esfera de la libertad física y de tránsito continuamente violadas. De ahí que lo trans se  constituya en una deuda del proceso organizativo de la diversidad sexual que sólo s e asume con conciencia de deuda, a los casi 10 años de la despenalización.

PROYECTO TRANSGENERO
http://www.proyecto-trangenero.org/

sábado, 30 de abril de 2011

SITUACION DE LAS PERSONAS TRANS EN ECUADOR


Por sus múltiples formas de disidencia del orden sexo género socialmente establecido, las identidades trans sufren formas igualmente múltiples, concurrentes y conexas, de represión social. Entre los tratos discriminatorios  en que se plasma el castigo social al transgenerismo, están la limitación de oportunidades, la violación flagrante de derechos empezando por el derecho a la identidad libremente expresada y a la exclusión  de las personas trans de ámbitos económicos, sociales y culturales.
De entre las identidades trans, las trans femeninas son el colectivo sexualmente diverso que más se ha visibilizado en el Ecuador, y que cuenta con cierto grado de organización política superior al de otras poblaciones trans, especialmente a partir de la década de los noventa.
Por ser su sexo de origen masculino, y ser entonces la preciada “masculinidad” la que socialmente transgreden, las trans femeninas son también el colectivo que mayor discriminación frontal ha experimentado en el Ecuador. Por frontal, nos referimos a las formas de represión institucionalizada ya violaciones particularmente visibles en cuanto tocan la esfera de la vida y ala integridad física, como : muertes, torturas, detenciones arbitrarias, represión brutal de la identidad y la imagen. Tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Sin embargo, aunque es menos visible que la represión frontal, las trans femeninas experimentan, también, un proceso de etiquetamiento que, desde la adolescencia  o incluso edades más tempranas, desencadena un cierre casi total de oportunidades económicas, sociales y culturales, especialmente en las esferas del trabajo, la salud, la educación y dramáticamente, la vivienda en modalidad de inquilinato. En definitiva, las trans femeninas sufren una violación múltiple, conexa y compleja, de derechos económicos, sociales y culturales, más allá de aquella violación de derechos civiles que resulta tan notoria.
En cuanto a los trans masculinos, su principal realidad es todavía la de la extrema inbisiblilidad, con excepciones en ciertas localidades pequeñas y periféricas,sobre todo de la costa rural del Ecuador. La invisibilidad es un efecto histórico del patriarcado sobre las personas cuyo sexo de origen es el femenino. Muchos trans masculinos le apuestan a la que consideran su única estategia de superviviencia 2pasar desapercibidos” o “pasar por hombres”. Su intención es evitar represalias de sus círculos sociales, y evitar, sobretodo, las relaciones misóginas de sus empleadores cuando estos se enteran de que “son mujeres”; reacciones que en los cuerpos originalmente femeninos muchas veces implican violencia sexual,

En cuanto a los y las tansexuales ecuatorianas – muchos de ellos y ellas epxerimentan un modo especialmente físico y corporalmente violento la sanción a la “no pertenencia” a uno de los dos sexos – géneros. La no pertenencia transexual es menos ocultable que la de otros transgenerismos (dependiendo también de factores socio económico) en cuanto exhibe marcadas evidencias físicas de la práctica de una intervención corporal radical pocas veces acompañada de ayuda médica. El miedo a la irreversibilidad que marca numerosas experiencias transexuales, es un muchas ocasiones sólo compensado por la promesa de dejar atrás “lo trans.
En resumidas cuentas, una tiranía más del patriarcado es la necesidad social de muchos y muchas transexuales de negar la transición para convertirse en hombres o mujeres “normales”. A esto ha de añadirse la violación del derecho de las personas transexuales al acceso a la información y al consentimiento informado en las decisiones que involucran intervención corporal; incluidas cirugías de modificación genital muchas veces realizadas en contextos de negligencia médica, cuando no simplemente de lucro deshonesto.
Finalmente, la experiencia intersex en el Ecuador permanece escasamente reconocida como experiencia humana. Apenas en el año 2008 la intersexualidad es tomada en cuenta en el plan de igualdad una institución pública, que es el Municipio de Quito. En el 2009, la temática empieza a ser tomada en cuenta en medios de comunicación y surge una conciencia social incipiente acerca de la realidad de estos cuerpos distintos y el precio que pagan por su no pertenencia, la intervención corporal no consentida, el rechazo social y la dificultad de intentar adherir al orden de los cuerpos binarios al que no pertenecen.
CUERPOS DISTINTOS
Proyecto Transgenero
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LO QUE SIGUE EN EL ARMARIO

LO QUE SIGUE EN EL CLOSET

Sin desconocer los avances en el tratamiento social y mediático de la diversidad sexual, la nueva visibilidad de “Lo GBLTI” – y en particular la presentación del actor político – tiene problemas a su vez nuevos. Hay , entre quienes tratan el tema con seriedad, cierta ingenuidad en el mejor de los casos, y facilismo en el peor, que resulta en la alusión frecuente y equivoca a un “movimiento”, “comunidad” o “colectivo” GLBTI nombrado casi siempre en singular, como si la experiencia GLBTI fuera una sola.  Hay También un predominio estratégico de las ONG´s  de hombres gays ligadas al trabajo en VIH (a nivel continental, incluso) cuyas agendas prefieren esa lectura homogenizante de la diversidad sexual. Su solvencia económica, considerablemente mayor que la de otros colectivos organizados, muchas veces contribuye a difundir una historia oficial que casi podía titularse “aspiraciones sociales unificadas de los ciudadanos GLBTI”. Indudablemente, este sesgo de “ciudadanía gay” prevalece sobre otras experiencias “G” y, no se diga, “LBTI”.
PROYECTO TRANSGENERO
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jueves, 7 de abril de 2011

La comunidad GLBTI en Ecuador : 20 años después.



En este país, la comunidad GLBTI puede recordar fragmentos muy importantes de nuestra historia como minoría ciudadana: las señales cruzadas en aquel parque -El Ejido- de encuentros y desencuentros homosexuales, las burlas homofóbicas, la represión a manos de los “Escuadros Violantes”, la prisión luego de las redadas nocturnas, con el añadido de fotografía de prontuario en la crónica roja vespertina, los asesinatos impunes, la rabia muda de más de una madre, los crímenes de odio contra aquellos que siendo diversos fueron tachados y señalados por toda la prensa como “sodomitas”, para luego ser borrados oficialmente de la memoria colectiva.

El espíritu fiestero de un joven gay muerto por un crimen de odio a la salida de un modesto bar, se contrastaba con el desprecio y la indiferencia de una sociedad llena de escrúpulos.
Hace veinte y tantos años, descubrir el amor homosexual era encontrarse con espacios negados, ocultos, clandestinos. Lo fugaz del encuentro casual era la regla que hacía que la vida se vuelva verosímil. Se creaban mundos paralelos donde se luchaba contra la prohibición de los afectos. Venimos de una época en la cual la dominación cultural reducía el horizonte de los GLBTI al imaginario de lo masculino, lo blanco, lo heterosexual; se pretendió imponer un modelo que debía procrear un tipo de familia, de sociedad, de moral. 

Para principios de los ochenta, existían en Quito varios sitios homo-eróticos, de licencia sexual, donde los dueños se hacían de la vista gorda, y donde el cortejo ocurría con inmediatez y el erotismo se adaptaba a la estrechez de los tiempos. Un referente clásico es “el Hueco”.

Allí se reunía -y se reúne aún- toda la mariconería quiteña de distintas edades. Ahí los grupos de amigos marcan territorios; se refuerzan las fronteras de clase que diferencian entre gays amanerados de las élites, entre jovencitos clase-medieros y atractivos cacheros. Ahí están las travestis-rubias dueñas de peluquería y las transexuales-cholas que buscan clientes.

La realidad de la “comunidad” quiteña, y por extensión toda la ecuatoriana, es en realidad la de sus prácticas morales. Se nutre de  pequeñas y entretejidas discriminaciones estamentales.

Nadie se pudo librar, a los largo de estos veinte y más años, de la rígida jerarquía delimitada por el color de la piel, el dinero, la educación, el linaje. Y así ahora, en la segunda década de este nuevo siglo, se vive un “remake”, una repetición de los mismos cánones.

Ahora los jóvenes y adolescentes gay, en especial los de clase media alta y los pitucos, para no contaminarse y en claro afán discriminatorio, tienen su elitista espacio. Lo irónico es que este refinado “armario con música” está a media cuadra del ”Hueco”, a donde suelen regresar cuando la magia difusa de “Lady Gaga” pierde su pasajero “glamour”, o cuando sus hormonas agitadas les compele hacia un cachero bien dotado. Y claro, lo hacen cuando ya se aburren de admirarse entre sí, para determinar cuál es la “más bonita”.

Cuando Rock Hudson muere por un síndrome hasta entonces desconocido, el mundo da impulso a la lucha contra el SIDA y al mismo tiempo se reconoce que la homosexualidad no es una enfermedad. Pero en nuestro país, los medios se encargan de reforzar el estigma: “maricón-sidoso”. Localmente, poquísimos se atreven a “salir del closet”. La gran mayoría  buscó cumplir la tradición burguesa-heterosexual de montarse una familia con hijos, pues era la mejor forma de guardar las apariencias. 

La mirada moral del Estado intensifica su rigidez. Fueron años de violencia y represión contra las formas de sensibilidad que no observaban el status quo. El Estado persiguió a los sospechosos. Daba caza a las mujeres de vida licenciosa, a los intelectuales y rebeldes guerrilleros de izquierda, y por supuesto a los homosexuales, etiquetados de “locas”. Se cometen varios crímenes de odio a los abyectos. Los represores desfogaron sus frustraciones sobre aquellos que provocaban sus deseos-miedos más profundos. Fueron tiempos en que la sexualidad y el romance se debatían entre el dolor y el peligro. Encontrar el amor gay implicaba enfrentarse a los moralismos más conservadores de la sociedad.

Hoy, la homosexualidad ya no es un delito. Dejó de serlo cuando se derogó el Art 516 del Código Civil. Fue entonces cuando dejamos de ser “delincuentas”. A partir del año 1997 todo el “ambiente” se refresca. La clandestinidad deja de ser obligatoria y algunos asumen abiertamente su identidad.

Los gays maduros, aquellos que superamos la cuarentena, hemos vivido la realidad del Ecuador entre dos siglos, tres constituciones, dos conceptos jurídicos en el Código Civil, y varios gobiernos, la mayoría de ellos promotores de fobias.

Quito ha sido el escenario donde he vivido la moral pacata. Una ciudad quisquillosa con los que somos diferentes. Ahora la ciudad abre sus ojos llenos de culpa; despierta con resaca, pero no le duele la cabeza, sino el alma al recordar.  Quito hoy tiene chuchaqui moral, y continúa limpiando sus remordimientos. Esto sí es un buen cambio. 

Quito ya no quiere ser la ciudad curuchupa, la franciscana. Ahora Quito quiere ser la liberal, la de la diversidad, la pluricultural, la comelona, la glotona sexual. Es también la que se quiere recuperar del olvido, la que no tiene miedo a mirar su dualidad, la que puede mejorar su concepto de convivencia y respeto a las minorías, la que supera sus traumas egoístas, sus tabúes sexuales, sus miedos y trans-lesbo-homofobias. Todo esto es así mismo un buen cambio.

Por cierto, la realidad social, cultural, y sexual de Quito seguirá bajo el arquetipo de comportamiento de sus gentes. Quito y sus gentes: poco inocentes pero muy prudentes. 

Qué ha cambiado en los últimos veinte años? Hay pocos cambios, pero al menos son buenos cambios. Ahora los jóvenes se pueden exhibir, incluso con desparpajo. Ya no tienen que cargar con el estigma. Bueno sería que hagan conciencia de que su actual edén tuvo como antecedente el infierno que enfrentó mi generación.  Pero seguimos siendo, en su mayoría, un colectivo incapaz de entablar relaciones homosexuales públicas, tranquilas, respetuosas, sin apresuramientos. Seguimos siendo un colectivo con escaso interés en la cultura. 

Las mayorías siguen socializando a pie de calle, de estas calles benditas y malditas, aunque muchas organizaciones no gubernamentales borren de su discurso esta compleja realidad por su voluntad de blanqueamiento de “la comunidad” de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, trans-géneros e intersexuales; o por haber importado discursos para la organización de las diversidades sexuales en nuestro país. 

La Ordenanza 240 del DMQ, en su art. 5 adopta el 17 de Mayo como Día de la Lucha contra todas las fobias sexuales. Es un buena coyuntura para repensarse como comunidad GLBTI.

Manuel Acosta,
Quito, Abril del 2011.
dionisiosartecultura@gmail.com